Nada nuevo pretendo descubrir sobre la obra de Jünger.
Simplemente quiero plasmar algunas de las impresiones que me ha producido la
lectura de algunos de sus libros a lo largo de los años.
Resulta muy indicativo de lo que fue su vida y su obra
la larga y estrecha amistad que mantuvo con Albert Hofmann, el sintetizador de
la LSD. La vida de Jünger fue en gran medida una vida de curiosidad, de
búsqueda. Búsqueda de experiencias (también las enteogénicas), de la libertad,
de la verdad, del significado de la realidad. Nada mejor para granjearse un
buen número de enemigos que una honesta búsqueda de esa índole. A pesar de lo
que muchos pretenden, cualquiera que conozca realmente su obra sabe que fue un
anti-nazi avant la lettre, al igual que lo fue Sebastian Haffner ya con
su “Historia de un alemán”.
Mientras en gran parte de Europa y EEUU la simpatía
por nazis y fascistas era moneda corriente (aunque nadie quiera recordarlo, al
igual que no se quieren recordar otras muchas cosas de la Europa de
entreguerras), sólo unos pocos se atrevieron a
denunciar y anticipar lo que para algunos resultaba ya evidente y previsible:
el horror totalitario que anegó en sangre el siglo XX. Esos pocos fueron
a la vez lúcidos y valientes. Entonces y más tarde. En nuestras monótonas,
uniformes y falsamente seguras sociedades es más cómodo olvidarse de la
“era de los titanes”, olvidarse del precio y las consecuencias del uso
irresponsable de la técnica/tecnología, olvidarse en definitiva de que la vida
tiene sus inexcusables ciclos y sus múltiples facetas. Que igual que en los
años treinta volvieron a triunfar los “desolladores”, pujantes se encuentran
ahora los nuevos, y el miedo y cierta fascinación nos paralizan igual que
entonces.
![]() |
| Jünger y Hofmann |
Haberse enrolado voluntario en la Legión Extranjera francesa con 18 años, ser un héroe de la Gran Guerra -que le inspiró “Tormentas de acero”-, llevar una vida valerosa, defender la aristocracia del espíritu y profundizar en la realidad las cosas frente a un mundo en el que la persecución de un desmedido y paralizante confort y una imposible y engañosa seguridad, no puede nunca resultar muy popular y sí muy antipático. En unas sociedades en las que se ignora de manera suicida e insensata el riesgo e incertidumbre que resultan consustanciales a la vida (no me refiero al puenting o a los juegos de apuestas, esos sucedáneos), alguien como Jünger, Hofmann, Orwell, Huxley y muchos otros son peligrosos, son el enemigo a batir, son esa conciencia que nos saca del sopor (ese engaño universal que persigue convertirnos en dóciles consumidores, si es que no lo ha conseguido ya) en el que hemos decidido vivir y que tan adecuado resulta para que nos sigan desgobernando. Todo ello bien reflejado en el cuadro de Brueghel el Viejo “La parábola de los ciegos”.
Esa actitud aristocrática y elitista de Jünger junto
con su permanente búsqueda del conocimiento y reivindicación de la libertad
hacen de él un personaje incómodo, inclasificable. Pocas cosas producen más
temor en el ser humano que la auténtica libertad, a pesar de que todos decimos
y pretendemos lo contrario.
Otra de las constantes en la vida de Jünger son los
viajes, por buena parte del mundo y también los viajes interiores (llegó a
definirse como psiconauta). Los viajes interiores son parte sustancial
de ese largo y profundo vínculo que le unió con Hofmann. Todos esos viajes,
experiencias y análisis conducen, entre otras cosas, a la destilación de dos
cruciales figuras en su obra: el anarca y el emboscado. Si no resulta fácil
describir lo que Jünger entiende por anarca, confuso resulta en castellano el
término emboscado (Waldgänger: aquel que se retira al bosque). Lo más
significativo, desde mi punto de vista, es que ambas figuras representan unas de
las pocas alternativas que actualmente tiene el individuo para permanecer como
ser libre. La retirada al bosque no se refiere, obviamente, a un bosque en el
sentido literal. Se puede ser un emboscado viviendo en Manhattan. Para ello, el
viaje interior, único viaje que nos queda a lo desconocido en la era de Google maps y del devastador turismo
globalizado, resulta esencial. Pocas cosas producen tanto miedo a los gobiernos
de cualquier signo como el viaje interior, el viaje que nos permite llegar a
conocernos de verdad. Ver al evolución, la historia de la LSD y de cómo y
porqué llegó su prohibición resulta sumamente esclarecedor. Ese uno que ha
descendido a los infiernos y ha regresado más lúcido y más fuerte resulta un
peligro para cualquier gobierno. Ya no se dejará engatusar con las baratijas
con que los poderosos pretenden distraernos, sino que buscará la autenticidad
en su existencia y tal vez en la de otros.
Una vida vivida con plenitud, intensidad y corazón
aventurero; y una obra singular, profunda y luminosa. Esa fue la opción vital
de Ernst Jünger. Un defensor de la dignidad individual y del humanitarismo
frente al sufrimiento ajeno.





No hay comentarios:
Publicar un comentario