Nuestro HOY FIRMA de esta semana es un artículo especial. Y lo
porque no está escrito para la ocasión, y porque además no sigue la estela de
entradas anteriores; esto es: autores y obras, grosso modo. Jaime Gil de
Biedma, Panero, Quasimodo, Juarroz, Poe…, serían algunos ejemplos.
Se trata de la trascripción de
las palabras previas que el poeta José María Álvarez, a modo de presentación,
dedicó a Amada García Puentes en su recital del día 6 de Mayo en el Museo de
Ramón Gaya (Murcia).
Y las compartimos con los
lectores de La Galla Ciencia porque consideramos que sus palabras bien podrían
valer para muchos autores, no sólo para aquellos poetas que están empezando,
sino también para otros más expertos en estas artes. Y es que los consejos que
José María dio a Amada se convierten en un decálogo que mucho puede aportar a
los que lo sigan (si se fijan).
Si bien podríamos haber adaptado
del texto para convertirlo en algo menos “personal” (y haberlo titulado algo
así como “Consejos a un joven poeta”, por ejemplo) hemos preferido hacer la
trascripción literal. Se trata de palabras dirigidas a una persona en
particular, cierto, pero creemos en la universalidad de los consejos que aquí
se enumeran y, por tanto, el texto aparece tal y como se dijo durante la
presentación.
Muchas gracias, José María, por permitir que publiquemos tus palabras y ojalá sean escuchadas toto orbe.
Muchas gracias, José María, por permitir que publiquemos tus palabras y ojalá sean escuchadas toto orbe.
Presentar a un Poeta acaso es inútil, porque a un Poeta sólo pueden presentarlo sus versos.
Como mucho, y por parte de otro
Poeta que ya sabe de qué va esto, cabe darle, digamos, la “alternativa”. Esto
es: ya puedes torear sola.
¿Cómo lector?
Me gusta. Si no, no estaría aquí.
Pero no lo estoy sólo por sus
versos, sino porque estimo profundamente a Amada García Puentes. Muchas cosas
juntos, muchos viajes, muchas horas dichosas nos han unido tanto como para que
sea… bueno… Viaja con mis libros y los prepara, podemos corregirlos donde sea.
Y le debo a su trabajo haber acabado alguno.
Además, un poeta no debe
aconsejar a otro en su obra. Quizá es el peor crítico, y cuanto mejor poeta
sea, peor, porque menos verá “fuera” de su mundo. Lo único que se puede hacer
es tachar lo que parece que sobra, nunca decir qué debe escribirse.
Pero lo que sí puede hacer un
poeta de más edad y experiencia es aconsejar sobre los peligros del camino. Y
ahí sí aprovecho para hacerlo.
¿Qué puedo aconsejarle a Amada García Puentes?
- Dudar siempre de haber conseguido algo que merezca la pena. Aun sabiendo que jamás se alcanza aquello que se ha soñado. Pero dudar hasta de lo conseguido con el mayor esfuerzo de que sea capaz. Y seguir dudando cuando sus lectores le digan que es bueno.
- En cuanto a la obra, ya lo dijo Hemingway: lo mejor que puedas, lo mejor que sepas.
- No pensar en lo que pudiéramos llamar el gusto del lector. Ella debe ser su único lector.
- Muy importante: no leer jamás –dada su actual indigencia intelectual- ni críticas ni suplementos culturales. Y si puede no leer prensa en general, mejor.
- Como decía aquella película inolvidable, ATLANTIC CITY, saber que el Arte no tiene nada que ver con la información, sino con la sabiduría.
- Saber que ella no es más que un eslabón más en la cadena de la Literatura. Que no tiene sentido sin todo el pasado y sin saber que el futuro sólo es que alguien, alguna vez, se emocione con sus versos. Le aconsejo que lea, que lea mucho, que haga suyos a los grandes de ese pasado.
- Por supuesto, que huya de todo localismo o sentimiento nacionalista, esas gangrenas del pensamiento libre.
- Que se aleje todo lo posible de las Universidades, hasta de las mejores, porque se han convertido en tumbas de lo que verdaderamente es la Literatura: son taxidermistas de la creación.
- Le aconsejo que se interese por otras lenguas. Ver cómo cambian los significados, el sentido de una palabra. Muchas veces hemos hablado ella y yo sobre “Luna”, que hasta en lenguas europeas modifica su género. Y eso es por algo. Que busque ahí.
- Esto es importante: si publica, que busque hacerlo en editoriales que no se entreguen a la publicidad, que hagas libros hermosos, cosidos, elegantes. La única publicidad digna es un lector emocionado que contagia su entusiasmo a otro lector.
Y ahora vamos
a algo que es lo único nuevo de cuanto vengo diciendo: Internet.
Si a uno le
publican sus libros, mejor. Pero limitarse a ese único, como ahora se dice,
creo, “soporte”, pienso que es un error. Empieza porque limita a España el
ámbito de conocimiento de una obra. Internet va a facilitarle poder llegar a
todo el mundo, y en cualquier país hay lectores de poesía en español que jamás
tendrían la posibilidad de leerla, porque -ni aun llegando a ser muy conocida-
sus libros estarían en español en una librería de Mombasa o Shangai o Nebraska.
Y si llega el momento en que la traduzcan por ejemplo al inglés o al árabe,
igualmente puede dejar en Internet esas versiones.
Internet es el
medio más rápido de estar en todas partes y –lo más considerable- el más libre.
Y no estoy hablando solamente de la censura que pueda imponer el gobierno de
turno; ésta puede burlarse con cierta facilidad. Hablo de lo mucho más
perversas e implacables ejercidas precisamente por gran parte de la llamada
intelectualidad. Quienes deciden premios, quienes establecen las listas negras
de aquellos que deben o no participar en una lectura o ser invitados a este o
aquel congreso, o que sus libros se mencionen o no en cualquier medio: los que
ordenan a quién “borrar de la fotografía”, según las viejas tácticas
comunistas. Y eso son los mismos, bajo cualquier gobierno.
Pues bien:
Internet permite “saltárselos”, romper toda barrera de intransigencia, dejar
sus versos ahí, libres, para que quien quiera pueda leerlos. Lo que le aconsejo
aquí es que deje “la bajada” de esos textos de forma gratuita.
En fin. No se
me ocurren más consejos.
Y sobre lo que
podíamos llamar “la vida del poeta”, nada puedo decirle que Amada no sepa ya:
soledad, los ojos secos de leer, horas ante el mallarmeano vide papier, incomprensión de su entorno, hasta el más cercano. Y
ahí, en el horizonte, Nada. Lo Desconocido. La apuesta contra algo que no
conocerá: permanecer, o el olvido, que como Borges decía es una manera más
rápida de llegar al mismo sitio.
José
María Álvarez
Pincha aquí para acceder a la página web de José María Álvarez.

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