CARLOS BARRAL EN A FONDO.
UN APROVECHAMIENTO
FILOLÓGICO*
1. INCUNABLE AUDIOVISUAL
No exagero al
calificar de mítico el programa que Televisión Española emitió en la segunda
cadena, entre los años 1976 y 1981, con el título de A fondo. Está considerado
como uno de los más brillantes espacios culturales televisivos del país, a
pesar de realizarse con unos medios limitados, con una puesta en escena mínima,
y de ceñirse estrictamente al formato de entrevista. Se concibió, en palabras
de su creador, Joaquín Soler Serrano, «como unas conversaciones más allá de la
máscara, buscando en la verdad de los hombres ilustres y gloriosos; una ocasión
única para confesarse ante los grandes auditorios que concita un programa de
televisión1».
Y ciertamente, el
quehacer de Joaquín Soler Serrano junto con la nómina de entrevistados lograron
un programa considerado irrepetible2. Los espacios, que oscilaron en
su duración entre los 41 minutos y las más de dos horas, trataban de acercarse
a un personaje y abordarlo en dos vertientes: sus facetas personal y
profesional. La gran mayoría de las emisiones se hicieron en el habitual blanco
y negro y con una realización neutra3. Pero ya he dicho que fue
puntal de su éxito la panoplia de invitados, quienes, con mayor o menor
fortuna, se dejaron cautivar por la amable incitación a la charla de Soler
Serrano. Merced a ello logró confesiones impagables de Jorge Luis Borges o
respuestas desesperantemente monosílabas de Juan Rulfo. Pero en todo caso
testimonios que han pasado a la historia de la televisión y que superan una de
las características que al medio se le supone: su calidad de efímera4.
No es cuestión de dar más nombres, pero difícilmente podrá encontrarse algún
personaje relevante de la cultura y de la ciencia hispanas del momento, que no
estuviese presente entre las 274 entrevistas realizadas5. A lo que
hay que añadir notables presencias internacionales. El compendio de tales
espacios constituye un auténtico legado que Rodríguez Pastoriza no duda en
darle el valor «de un gigantesco incunable»6. Y no hay hipérbole.
2. CARLOS BARRAL A FONDO
2. CARLOS BARRAL A FONDO
En 1976, Carlos
Barral fue entrevistado en A fondo. Era entonces, en el orden que a él le
gustaba, escritor y editor reconocido. Poeta difícil pero valorado7;
recién descubierto prosista. Años de penitencia, primero de sus
tres volúmenes de memorias, publicado un año antes con cortes censores, iba
adquiriendo por aquel entonces una primera resonancia que no ha cesado. Porque
Barral es autor de una obra escasa, como él mismo siempre repetía despechado,
pero con un rasgo característico: toda ella está impregnada, sin excepción, de
su personapersonaje, de Carlos Barral. Desde su poesía8, pasando por
sus tres libros de memorias, Años de penitencia (1975), Los años sin
excusa (1978)
y Cuando
las horas veloces (1988)9, así como su única novela, Penúltimos
castigos (1983)10,
calificada como semibiográfica, y en la que el protagonista es un tal Barral11,
hasta todos sus escritos de experiencias marineras, como Desde
Barcelona, la mediterrània (1988)12, y Los diarios (1993),
publicación póstuma a cargo de Carme Riera13. De modo que pocos
autores podrán presentar tal cantidad de títulos que giren, de una forma
directa e indisimulada, alrededor de su persona. De entre todos sus escritos de
carácter autobiográfico, destacan los tres libros de memorias citados. Sobre
ellos hay una valoración casi unánime. Alberto Oliart, amigo personal de Barral
desde siempre, cuenta que el hispanista Raymond Carr le comentó en 1977 que Años de
penitencia era
el libro, de cuantos él había leído, que mejor reflejaba el ambiente de la
España franquista entre el 39 y el 5014.
Barral junto a Jaime Gil de Biedma, en el centro.
También el mestre Castellet tiene palabras para Años de penitencia, del que dice que «rompía moldes literarios y políticos en aquella época del tardofranquismo en que la sociedad española vivía inquietamente, entre el temor y la esperanza15». Juan Antonio Masoliver no duda en calificar al primero de los volúmenes como «el mejor libro de memorias escrito en la segunda mitad del siglo XX»16. Cuando las horas veloces recibió el primer premio Comillas de biografía en 1988. Pues bien, a ese autor que había hecho de su persona el centro de su escritura es al que recibe Soler Serrano, pretendiendo que hable, precisamente, sobre sí y sobre su obra. Y el mérito que se consigue en A fondo es que, pese a haber escrito Barral tanto de sí mismo y de seguir haciéndolo hasta su muerte, se logre extraer ideas y confesiones no contenidas en tan extensa obra de corte autobiográfico. De tal manera que más allá de la mera información acerca del personaje, el programa de Soler Serrano es una especie de addenda a la obra de Carlos Barral.
3. FIGURACIÓN...
En 1976 Carlos
Barral está pasando por un momento de relativa tranquilidad, dentro de su muy
ajetreada vida. Pocos años antes ha perdido a varios seres queridos: a su madre
y a sus amigos, entre otros a Gabriel Ferrater y a Alfonso Costafreda. Tiempos
que en el 74 le hicieron exclamar: «no estoy contento de vivir en esta época».
Pero desde el 75 las cosas le van mejor. Conoce el éxito de su primer volumen
de memorias, trabaja en la edición de sus poesías, a lo que hay que añadir el
alentador cambio político que el país vive y sus contactos con los socialistas
catalanes, que le llevarán a ser años después senador. Pero pese a ello, Carlos
Barral barrunta un período de crisis en su salud que le conducirá, no mucho
tiempo después, a una primera intervención quirúrgica y, en realidad, a la
confirmación de su decadencia física17. Tal vez por ello la entrevista
se cierre con el siguiente diálogo:
— J. S. S.: Los
tiempos han cambiado, aunque no tú.
— C. B.: Quizás
no, pero soy un poco más viejo.
— J. S. S.: Pero
con la misma ilusión.
— C. B.: Eso
digamos que sí.
Y ciertamente es
un sí muy poco convincente, desmadejado. El Carlos Barral que se presenta ante
el espectador es el sólito personaje al que los españoles de la Transición se
acostumbraron a ver en sus pantallas, en especial a raíz de su nombramiento
como senador. Parece mayor de los 48 años que tiene en el momento de la
entrevista. Luce su barba sin bigote, el pelo canoso, largo, casi con guedejas,
cuidadosamente despeinado. Fuma y solo bebe agua, poca. Viste muy informal. Una
camisa militar clara, con bolsillos abiertos y hombreras, por fuera del
pantalón oscuro, pero que llama más la atención por lucirla muy desabotonada.
Los zapatos se adivinan poco lustrados. Todo da aspecto de descuido, conociendo
al personaje, muy ensayado. Habla con seguridad, sin atisbo de acento catalán.
Sonríe en contadas ocasiones y muy tímidamente, como para no descomponer la
figura. Mira al techo, a Soler Serrano o al vacío, nunca a cámara. Tiene una
altiva sencillez, mantiene las distancias incluso con tan cálido entrevistador.
Largo de miembros y con una mirada clara enmarcada por unas ojeras que se pronuncian
en los primeros planos. La entrevista es en blanco y negro y dura 50 minutos18.
En ella se tratan los siguientes aspectos:
— Preliminares.
—Primeros años:
infancia, familia, estudios, universidad, amistades.
—Repaso
cronológico a sus libros de poesía, con dos observaciones acerca
de su condición de
burgués.
— Valoración de su
único libro de memorias escrito hasta la fecha: Años de
penitencia.
— Labor como
editor. Supone el grueso de la conversación. Allí se habla de
Seix Barral,
Biblioteca Breve, el realismo social, el «boom» hispanoamericano,
el fin de Seix
Barral y la nueva Barral Editores.
— Despedida marco
con alusiones a la familia y a su persona.
4. SUFRIENDO AQUELLO QUE DECIR NO PUEDO
4. SUFRIENDO AQUELLO QUE DECIR NO PUEDO
Pero lo que aquí
interesa, más allá de una mirada superficial al encuentro, es dar con las
aportaciones inéditas que nos ofrece para el conocimiento de la persona y de
las ideas de Barral, así como para un mejor acercamiento a su obra.
Revelaciones nunca expuestas en su citada labor memorística. Veamos algunas de
ellas. La entrevista se abre con una observación humorística, que presenta el carácter
aristocrático tan cultivado por Barral en la creación de su propio personaje19.
Soler Serrano le incita con un «Naciste en Barcelona...» a lo que el poeta contesta:
«En 1928, que fue un año de gran cosecha de Borgoña».
A sus vivencias
sobre la Guerra Civil, Barral dedica un buen espacio en Años de
penitencia y
una especie de flash back en Los años sin excusa20. En nuestro
espacio hace una certera síntesis de la sensación que deja la lectura: «Aquellos
años son una mezcla de recuerdos muy raros; la violencia, el hambre y la
angustia se mezclan con un sentimiento de libertad que los niños no suelen tener
[...] No tengo recuerdos profundamente desagradables, aunque sí violentos».
Habla de su hermana, personaje prácticamente inédito en sus memorias, de quien aquí dice nunca haber tenido «una relación profunda con ella». Son pequeños detalles que van perfilando el personaje, como la anécdota, no revelada por escrito, en la que se cuenta cómo llegó a la Facultad de Derecho sin ninguna vocación, solo debido a que había menos gente en la ventanilla de matriculación de dicha carrera que en la de Filosofía y Letras. Al repasar su obra, Barral desvela datos acerca de sus primeras composiciones poéticas. Sobre ellas, en Años de penitencia, solo nos dice que «escribía poesías despacio, premiosamente, pero por primera vez con algo parecido a una idea de libro, con una cierta vocación serial de los motivos. Fueron los poemas que constituyeron Las aguas reiteradas y algún otro que figura entre los Poemas previos de Figuración y fuga21». En la entrevista televisiva da bastante más información. Dice que Las aguas reiteradas procede de un conjunto de poemas que vio la luz en la revista universitaria Laye, en la que participaron gente del grupo barcelonés: Castellet, Sacristán, entre otros. Califica al libro de congruente y, aunque reconoce que ahora no escribiría poemas así, confiesa haberlos leído recientemente con el prurito de corregirlos y no haber modificado nada. Y termina, «para lo que son, me parece que están bien».
Sobre el marbete de «poeta escaso», que le persigue en toda alusión que se hace sobre su cultivo poético, tenemos a un Barral que se exculpa con un «porque escribir poemas no es que me cueste, es que no puedo ponerme a escribir poesías si no tengo la urgencia de expresarme». Sin embargo en sus memorias es tema recurrente y dispar, en donde a veces argumenta como en la entrevista, y en ocasiones, no pocas, se lamenta de su convulsa vida social limitadora en su quehacer poético, cosa que también se trasluce en Penúltimos castigos22. En todo caso, en su obra no da apunte tan preciso acerca de su hábito de escritura, como lo hace ante Soler Serrano: «Soy un tipo de escritor que lleva una carterita en el bolsillo con un poema empezado hace dos meses, al que voy dando vueltas, unos días sí, otros no, y que finalmente un día me siento a escribirlo. El poema está buscando, sobre todo, su tono. Cuando he dado con el tono del poema entonces el poema sale con facilidad, pero ese tono no es fácil de encontrar».
En realidad, de su
labor poética no habla demasiado Barral en sus memorias. Y muy poco de sus
libros, salvo de Metropolitano, que está muy presente en Los años sin
excusa.
En ningún momento se pueden leer afirmaciones como las hechas al entrevistador
y que validan mis afirmaciones iniciales. Así, cuando comenta su poemario Diecinueve
figuras de mi historia civil, dice: «...el contenido real del libro es
básicamente biográfico; es la misma temática que el primer volumen de mis
memorias»23. El análisis de esta obra da pie a sacar el tema de la
mala conciencia por haber nacido burgués. Barral comenta que Diecinueve
figuras... está
escrito desde la plataforma de tal mala conciencia. Es motivo sumamente
presente en su obra toda, como lo está en la de muchos de los miembros de su
generación, pensemos en su amigo Gil de Biedma. En A fondo Barral se limita a
explicitar las ideas que de forma menos concisa ya nos son conocidas por su
escritura: «Es más cómodo haber nacido burgués que haber nacido proletario,
realmente. Pero uno debe ser consciente de que está disfrutando desde la cuna
de una situación de privilegio. Y darse cuenta también de que la visión del
mundo, incluso desde la política, por muy progresista que se sea, por muy de
izquierdas que se sienta uno, está determinada por el hecho de la situación
privilegiada».
El colofón al
repaso de su obra se hace con Años de penitencia. De esta obra,
cuando Barral ha hablado más de ella, antes de en A fondo, ha sido en la
«Nota preliminar» a su edición, escrita en enero del 73. Posteriormente lo hace
muy tangencialmente, como ocurre en idéntica nota a Los años sin
excusa.
Pero en ninguna de ambas anotaciones, y es mérito claro de Soler Serrano, habla
del estilo de las memorias. A la «metódica inexactitud», de la que había escrito
en el apunte del 73, une un desprecio, además de por el tiempo, por otro tipo
de convenciones, entre las que están las lingüísticas. Y comenta su búsqueda
por dar con un lenguaje roto, con «una prosa muy rápida y coloquial» y rica a
su vez. Lo que desemboca en esa pose distanciada y aristocrática cultivada por
Barral en todo momento, que aquí no podía faltar:
— J. S. S.: Hay en
sus memorias cierta actitud crítica y desdeñosa, siempre
presente en todo
lo que hace Carlos Barral.
— C. B.: Sí, para
ser muy cruel diría que hay también una, a veces irritante,
actitud
aristocrática frente a ciertos acontecimientos.
— J. S. S.: Das de
ti cierta imagen aristocrática de estar al margen...
— C. B.: Ya ves
que en el fondo no es verdad. Pero está en el libro.
— J. S. S.: ¿Es
deliberada tu distancia?
— C. B.: Ahora soy
así. No sé cuándo empecé a serlo...
Con lo que de
nuevo estamos intentando desentrañar la persona del personaje Carlos Barral. La
última alusión a su libro de memorias nos habla de acerca de cómo está
concebido y creo que nos da muchas pistas sobre ese Barral escaso: «Está
escrito directamente a máquina, con muy pocas correcciones posteriores. Está
pensado sobre el teclado, no está reflexionado antes...». El grueso de la
entrevista –aunque, como he dicho, a Barral le gustase calificarse como
escritor y editor, en este orden– está dedicado a su segundo quehacer24.
Mediante ello tiene la ocasión de dar opiniones sobre los temas que a lo largo de toda
su vida han sido centrales25.
En todo caso, su empeño editorial está muy presente en sus memorias. Tanto en Años de penitencia, en donde apenas se anuncia, como en Los años sin excusa, donde se fragua el éxito de empresas como Biblioteca Breve o el premio Formentor, así como en Cuando las horas veloces, en donde aparecen sus desengaños, fruto del abrupto final de Seix Barral, y sus nuevos proyectos. En A fondo habla brevemente de casi todo ello, reconoce a la figura de Janés, como hombre que en los 40 intentó hacer algo similar a lo que él cuajó en los 60, y opina abiertamente de los habituales lugares comunes. Ahora bien, las opiniones que sobre personas del mundo literario da en la entrevista tienen un tono amable, acorde con el habitual de A fondo, alejado de afirmaciones como las que pueden leerse en sus memorias: «... en literatura y con frecuencia necesito denostar a los que me parecen mediocridades encumbradas, pobres escritores célebres o libros gratinados por la admiración provocada. Muchas veces eso roza en mí la pasión de denigrar y la palmaria injusticia, pero me sienta muy bien y me tranquiliza mucho26».
En todo caso, su empeño editorial está muy presente en sus memorias. Tanto en Años de penitencia, en donde apenas se anuncia, como en Los años sin excusa, donde se fragua el éxito de empresas como Biblioteca Breve o el premio Formentor, así como en Cuando las horas veloces, en donde aparecen sus desengaños, fruto del abrupto final de Seix Barral, y sus nuevos proyectos. En A fondo habla brevemente de casi todo ello, reconoce a la figura de Janés, como hombre que en los 40 intentó hacer algo similar a lo que él cuajó en los 60, y opina abiertamente de los habituales lugares comunes. Ahora bien, las opiniones que sobre personas del mundo literario da en la entrevista tienen un tono amable, acorde con el habitual de A fondo, alejado de afirmaciones como las que pueden leerse en sus memorias: «... en literatura y con frecuencia necesito denostar a los que me parecen mediocridades encumbradas, pobres escritores célebres o libros gratinados por la admiración provocada. Muchas veces eso roza en mí la pasión de denigrar y la palmaria injusticia, pero me sienta muy bien y me tranquiliza mucho26».
Acerca de las
ideas que vierte sobre el mundillo literario, lo que más llama la atención, y
lo que ayuda a cuadrar al personaje, son las atribuciones que se hace. Así, por
ejemplo, admite que supo ver todo lo que alrededor del realismo social había de
interesante; dice haber sido quien en su catálogo de Seix Barral incorporó por
primera vez en español a toda una literatura europea de posguerra; también
asume como propio el descubrimiento de Luis Martín Santos y su Tiempo de
silencio,
así como de Mario Vargas Llosa; y acerca de su mérito por descubrir al «boom»
latinoamericano, alega: «Eso es verdad; pero también es un mérito que no me
cumple porque también eso estaba ahí», lo que pasa es que él lo supo ver y
publicitar con su premio Biblioteca Breve. Fomentó, en suma, una «comunicación
entre todos los países de habla española que hizo posible la gran eclosión de
novelistas, quizás uno de los fenómenos serios de la historia literaria». Lo
que haya de cierto, no es este lugar para discutirse; ni tampoco lo que haya de
excesivo. Simplemente queda reflejado como, creo, retrato definitorio del
entrevistado27.
Sus diversas
opiniones literarias se cierran con una intervención sobre los escritores del
«boom» donde mantiene una teoría ausente en su obra, pero muy presente en sus
declaraciones a los medios28. Niega el marbete de «tercermundistas »,
tan extendido para referirse a los autores hispanoamericanos –también usado
entre ellos–, al compararlos con escritores africanos o asiáticos. Y lo niega en
virtud del siguiente brillante razonamiento: «En América Latina coincide una
literatura, una tradición literaria, tan vieja como cualquier literatura
europea –y más antigua, por ejemplo, que la eslava, que nació después– con un
mundo más interesante y anecdótico, donde fenómenos como las luchas étnicas o las
luchas de clase están a flor de piel. Tienen, pues, una herramienta literaria, una
tradición semejante a la francesa, la inglesa o la alemana, con un mundo que
tiene interés por sí mismo, sin necesidad de mucha elaboración».
El apartado editorial se cierra con algunas apreciaciones sobre su labor en tal vertiente, en las que nada que no esté en su obra se registra: su labor en los 60 y la deriva mercantilista que las editoriales han ido tomando; su vocación y su cansancio; su ausencia de móvil económico; y el final de Seix Barral, anécdota que abrevia, pero que recoge en Cuando las horas veloces, cuyo germen fue la inesperada muerte de Víctor Seix.
Una alusión a su próximo libro, Los años sin excusa, del que no tiene ni decidido el título: «Podría insistir de nuevo en Años de... pero esperaré a que el libro terminado me sugiera un título»; y una nueva vuelta al marco personal, distintivo de tantas otras entrevistas de Soler Serrano, cierran el encuentro: «Es decir que no tenía vocación de patriarca pero lo soy...», admite un Barral siempre genio y figura.
5. ...Y FUGA
A fondo fue un programa
aplaudido por todos, crítica y público. Recordado por muchos y aún visto por
curiosos y especialistas. Ejemplo de buen hacer de televisión cultural y modelo
de entrevista. Pero más allá de todo lo conocido, mediante este trabajo he
pretendido demostrar que dichos espacios tienen la posibilidad de un
aprovechamiento filológico a la hora de conocer pormenores de la obra y de la
vida de un escritor. La elección de Carlos Barral no ha sido inocente, sino que
responde a que pocos autores tienen un quehacer tan conectado con su persona
como la del de Calafell. Y sin embargo la entrevista de Soler Serrano aporta
datos inéditos e importantes, tanto para entender la obra como al
personaje Carlos Barral, escritor y editor, figura clave en las letras hispanas
de la segunda mitad del siglo XX.
ERNESTO VIAMONTE LUCIENTES
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1
Véase, Joan Munsó Cabús, Joaquín
Soler Serrano a fondo, Barcelona, Planeta, 2003, p. 218.
2
Véase al respecto la valoración y las noticias que sobre A fondo se da en
Francisco Rodríguez Pastoriza, Cultura
y televisión. Una relación de conflicto, Barcelona,
Gedisa, 2003, pp. 95-97.
3
Esa sobriedad respondía a la idea de Soler Serrano y del
realizador, Ricardo Arias, de mostrar al personaje que habla, escrutar su
rostro, sus gestos y sus miradas, y acercarse a él por medio de unas imágenes
incontaminadas. Véase, Joan Munsó Cabús, p. 218.
4
Además de permanecer en la memoria colectiva, algunas de las
entrevistas fueron editadas en video por Editrama, en una colección con el
título de «Videoteca de la memoria literaria». También el mismo Joaquín Soler
Serrano recopiló una veintena de entrevistas en A fondo. De la A a la Z,
Barcelona, Plaza y Janés, 1981. Encuentros que conocieron una publicación
previa a partir del 79 en la revista Telerradio.
5
El número de entrevistados oscila, según las fuentes. El mismo
Soler Serrano habla de unas trescientas
personas,
más o menos.
6
Rodríguez Pastoriza, ob. cit., p. 96.
7
No me resisto a reproducir las palabras que le dedica su amigo
Jaime Gil de Biedma, amigo sí, pero crítico implacable también, a la lectura de
Metropolitano,
libro que el mismo Barral le ha prestado: «Muy interesante, ha redoblado el
respeto que siento por él. Carlos es tan encantador y tan brillante que uno
encuentra pocas ocasiones de reparar en lo admirablemente inteligente que es. A
veces me hace el efecto de un dispositivo cuyo sencillo funcionamiento se basa
en principios teóricos muy sofisticados, de una gran economía y precisión».
Cito por Retrato del artista en 1956,
Barcelona, RBA, 1991, pp. 201- 202. Metropolitano,
Torrelavega-Santander, Ediciones Cantalapiedra, 1957.
8
Barral califica su poesía como «poesía de la experiencia». Y se
explica: «cuando hablo de experiencia me refiero precisamente a una temática
intelectual o psicológica que algunas veces toma la forma de lo autobiográfico,
pero que en otras muchas plantea el análisis de una impresión, de un
sentimiento, de una emoción». Palabras recogidas por Rosa María Pereda, «Carlos
Barral: “Mi poesía refleja la acumulación de experiencias”. Presentación de Usuras y figuraciones», El País, mayo 1979.
Los testimonios en este tenor se pueden rastrear a lo largo de toda la vida de
Barral. Así, en una entrevista publicada a la prensa sueca en 1964, recogida en
Almanaque,
Valladolid, Cuatro ediciones, 2000, pp. 11-13, dice: «Quiero lograr una poesía
que esté construida sobre experiencias personales que deriven de la época
histórica que nos ha tocado vivir». Forma de concebir la poesía de la que hace
partícipe a sus
colegas
los «letraheridos»: «...creo que un grupo de poetas, por razones que no tienen
nada que ver con la tradición directa literaria, hemos practicado una poesía de
la experiencia de la vida cotidiana», en Federico Campbell, Infame turba, Barcelona,
Lumen, 1971, pp. 279-290.
9
Años de penitencia, Madrid,
Alianza, 1975. Este tomo se centra en las vivencias que van desde 1939 a 1950.
Los años dedicados a la infancia sórdida y mítica. La interrelación entre su
obra toda es tal que Carlos Barral llega a decir: «me propuse dar un contexto
explicativo a mi poesía, que, como la de todo poeta lírico, es autobiográfica,
y me parece que este libro es profundamente contextual», en «Una década de
penitencia», Triunfo,
núm. 662, 1975. Evidentemente el libro profundamente contextual es el primero
de sus memorias. Los años sin excusa,
Barcelona, Barral editores, 1977, comienza recién estrenados los 50 y acaba apenas
empezada la década de los 60. Es el tiempo de la rebeldía y la vitalidad. El
mismo Barral ha llegado a decir que «el título se refiere personalmente al
autor, es decir, al personaje. Son los años sin excusa, para mí, en tanto son
los años de fundación de la madurez y de la fundación de aquellas actitudes que
han de ser definitivas. Por lo tanto, se trata de una fundación llena de hechos
y de errores, sin excusa», en «Carlos Barral contra las excusas», El Viejo Topo, núm. 20,
1978, pp. 62-63. Cuando las horas veloces,
Barcelona, Tusquets, 1988, recuerda, aproximadamente, del 62 al 81-82, año,
este último, del que dice no haber pasado demasiado tiempo cuando escribe sus
palabras iniciales. Es la hora del vacío, del envejecimiento y la desmemoria.
10
Penúltimos castigos,
Barcelona, Seix-Barral, 1983.
11
Barral dice que el personaje de la novela «le parodia». Ver
Carlos Barral, Cuando las horas veloces,
p. 240. Resulta muy interesante el análisis que de la novela hace Alicia Molero
de la Iglesia en «Figuras y significados de la autonovelación», Espéculo: Revista de Estudios Literarios,
núm. 33, 2006. Allí se dice que pocos ejemplos literarios hay de tan claro
maltrato a sí mismo, como el que Barral dedica al personaje al que presta su
nombre. Y contextualiza la obra como escrita en un momento anímico muy concreto
«que lo reduce a la potenciación de su tendencia al alcoholismo, la enfermedad,
la esterilidad poética, el sentimiento de fracaso como editor y padre de
familia o su conocida pedantería e intransigencia intelectual».
12
Desde Barcelona, la mediterrània,
Barcelona, Lunwerg, 1988.
13
Los diarios, 1957-1989,
edición a cargo de Carme Riera, Madrid, Anaya & Mario Muchnik, 1993.
14
Véase, Alberto Oliart, «Un personaje singular», pp. 11-12, en
la recopilación que de los tres volúmenes recordatorios de Barral se hizo con
el título Memorias,
Barcelona, Península, 2001.
15
En el mismo volumen anterior está el trabajo de Josep Maria
Castellet, «La memoria de Carlos Barral», pp. 9-10. Una valoración interesante
de los tres volúmenes puede leerse también en Ana María Moix, «Jaula aérea con
olor a resina», El País,
junio, 2001.
16
Juan Antonio Masoliver, «Memorias
de Carlos Barral», Letras
Libres, septiembre 2001.
17
Véase Cuando las horas veloces,
pp. 237 y ss.
18
El espacio fue editado por Editrama en 1998. Una transcripición
bastante fiel, sobre todo en lo que respecta a las contestaciones de Barral, no
tanto a las preguntas, puede leerse en el ya mencionado libro de recopilaciones
de entrevistas concedidas por el autor de Metrópoli
a todo tipo de medios titulado Almanaque, pp. 112-125.
19
Sobre la vocación de personaje, tanto de Carlos Barral como de
otros poetas del grupo de los 50, es sumamente interesante la obra de Carme
Riera, Partidarios de la felicidad.
Antología poética del grupo catalán de los 50,
Barcelona, Círculo de Lectores, 2000, p. 16 y ss.
20
En el primero de los volúmenes es motivo recurrente a lo largo
de sus páginas; en el segundo tiene un importante espacio en el capítulo
titulado «Hijos del humo». No obstante, la noción que de la Guerra Civil
trasmite Barral no deja de tener contradicciones. Se puede rastrear en su obra
literaria, y también en las entrevistas sobre el particular. Cotéjense las
palabras arriba transcritas con las siguientes referidas al conflicto
fraticida: «Sí, fue una experiencia que ha marcado mi vida. Para mí fue
horriblemente traumática, y me parece que no me he repuesto de sus
deformaciones. [...] Para mí la guerra fue muy dura, pero no es eso lo que más
recuerdo. Recuerdo el cambio de las gentes, la ferocidad de las gentes en un
cierto momento. Recuerdo la hipocresía de las personas de la inmediata
posguerra, un
nuevo
cambio que los hacía a todos profundamente desagradables, odiosos, y del que
todavía no se han repuesto la mayoría de ellos en absoluto. Eso ha marcado
muchísimo mi vida... Y lo he contado en cierto modo en parte de mi poesía», en
el mencionado Infame turba,
pp. 279-290.
21
Años de penitencia,
p. 333. Las aguas reiteradas,
Barcelona, Publicaciones de la revista Laye,
1952; Figuración y fuga,
Barcelona, Seix Barral, 1966.
22
Exponente extremo de esto es el «Capítulo V» de Cuando las horas veloces.
23
Diecinueve figuras de mi historia
civil, Barcelona, Seix Barral, 1961.
24
Lo cierto es que en muchas ocasiones suele ponerse por delante
la labor publicista de Barral. Así ocurre, por poner un ejemplo, en el Diccionario de grandes figuras literarias,
Madrid, Espasa Calpe, 1998, a cargo de José Martínez Cachero, que en la entrada
«Barral, Carlos» comienza así: «Editor y escritor español en lenguas catalana y
española...». También habría que hablar mucho acerca de lo de lengua catalana,
ya que si bien es cierto que Barral tiene escritos en catalán, en especial los
relativos a su pasión marinera, no lo es menos que en multitud de sus trabajos
ha afirmado su españolidad lingüística, cuando menos en lo que a su escritura
se refiere.
25
Una lectura del recopilatorio ya mencionado, Almanaque, da certera
cuenta de lo que intento decir: «boom», Seix-Barral, realismo social, son
asuntos presentes en la práctica totalidad de las interviús, con las lógicas
repeticiones a cargo de Barral.
26
Cuando las horas veloces,
p. 50.
27
Ya digo que no es este el lugar para valorar los logros de
Carlos Barral en sus vertientes de escritor-editor, pero de lo que no hay duda
alguna es de que el interesado era consciente en todo momento de lo que se
llevaba entre manos. Así, ya en el temprano 1968, es capaz de afirmar: «Creo
que he obtenido por lo menos dos éxitos importantes: el haber iniciado la
familiarización del público lector español con las partes más vivas y
renovadoras de las literaturas extranjeras, y el haber contribuido a la fusión
de las distintas tradiciones narrativas hispánicas», en Pueblo, 1968.
28
Véase Almanaque,
por ejemplo el documento titulado «La novela novela», pp. 56-63.
*Publicado en Televisión y Literatura en la España de la Transición (1973-1982), Zaragoza, Institución Fernando "el Católico", 2010.
Ernesto Viamonte Lucientes es profesor de Lengua y Literatura Españolas.
Autor de más de medio centenar de publicaciones relacionadas,
mayoritariamente, con la literatura, y más concretamente con el siglo
XVIII español -Luzán, Josefa Amar y Borbón, La Real Sociedad Económica
Aragonesa de Amigos del País...- y la narrativa contemporánea
-Benedetti, Cebrián, novela de la Transición...-. También tiene trabajos
sobre el fomento de la lecto-escritura y la ciudad de Zaragoza. Entre
ellos destacan Don Tomás Fermín de Lezaún o La novela aragonesa (1973-1982), en colaboración con Isabel Carabantes. Pertenece
al grupo de trabajo de la Universidad de Zaragoza "Pensamiento crítico y
ficciones en torno a la Transición". Actualmente está anotando la
edición de la última novela de Pío Baroja, Los caprichos de la suerte, que prepara José-Carlos Mainer.
*Podéis leer nuestra recomendación de cine "El cónsul de Sodoma" en el siguiente enlace, donde Carlos Barral es interpretado por Josep Linuesa.







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