CINCO
CARTAS DE JAIME GIL DE BIEDMA A JACOBO MUÑOZ (1962-1963)[1]
La Caña Gris. Revista de Poesía y Ensayo se publicó en Valencia
entre 1960 y 1962. Fueron 8 números, en 5 volúmenes; y con el paso del tiempo,
a la vista de la reedición de toda ella que debemos a Renacimiento[2]
(incluidas las palabras preliminares, Cuarenta años después, de Jacobo
Muñoz), se nos evidencia que todo estaba encaminado al homenaje a Cernuda que
constituye el último volumen, los números 6, 7 y 8 de la revista. Con él
termina la andadura de una publicación que hoy es historia de la literatura
especialmente por ese volumen final. Sabemos que hubo diseñador de la
estrategia: La correspondencia, a Jacobo Muñoz de Veiga, Cirilo Amorós, 18.
Hoy, Jacobo Muñoz, aquel joven poeta entusiasta de la filosofía, cuarenta
y tantos años después, tiene el gesto de entregar a la publicación algunas
cartas relacionadas con aquellos momentos; unas cuantas cartas que complementan
y sirven de apéndice a una historia ya bastante bien conocida por mediación del
epistolario del poeta de La realidad y el deseo, pero que en este caso
ponen el acento en otro de los protagonistas del evento, el devoto admirador
cernudiano Jaime Gil de Biedma.
El Homenaje a Luis Cernuda se publicó en el otoño de 1962. Para
él, Jacobo Muñoz les pidió colaboración a algunos nuevos y jóvenes poetas hoy
convertidos en clásicos, entre los que estaba Jaime Gil de Biedma. Eran y son
poetas de la llamada Generación del 50. Aunque no todos participaran en
el homenaje (sólo aquellos a los que logró pedir colaboración Jacobo Muñoz),
Cernuda se convirtió en el poeta guía de la mayoría de ese grupo de poetas de
los comienzos de la segunda mitad del siglo XX; y aunque algunos de los más
cercanos a Cernuda cambiaron mucho, en muchas cosas, con el paso de los años,
nunca lo hicieron en esa fidelidad concreta. Pensemos en Valente, en Brines, en
el propio Gil de Biedma.
La primera de las cartas que ahora se publican, aunque fechada en 1961,
sin duda es de enero de 1962, como se desprende de su contenido. En ella Gil de
Biedma acusa recibo de la invitación de Jacobo Muñoz a participar en el
homenaje y manifiesta su “más profunda admiración, literaria, intelectual y
moral” por el poeta Cernuda. Lamenta que diversas circunstancias le hayan
impedido participar en el especial de La Caña Gris; aunque sabemos que,
en virtud de la demora que hubo en la publicación del homenaje (larga demora
que será objeto de atención en otra carta, por la impaciencia cernudiana), Gil
de Biedma acabó colaborando, con su trabajo El ejemplo de Luis Cernuda.
La segunda carta, de noviembre del mismo año 62, es la más breve de todas
las que aquí se publican y, en ella, Gil de Biedma nuevamente acusa recibo,
pero ahora de la llegada a sus manos del Homenaje ya impreso. El resto
del contenido de la carta es personal, testimonio del inicio de un acercamiento
amistoso con Jacobo Muñoz, a quien ya no volverá a llamar de usted en cartas
posteriores.
La tercera carta, de febrero de 1963, cuando ya tiene andadura el Homenaje,
vuelve sobre el pasado y sobre cierto rasgo de carácter bien conocido del
personaje Cernuda. Según da a entender la carta, Jacobo Muñoz ignoraba que
Cernuda se hubiera incomodado, y no sólo impacientado, ante la tardanza de
la publicación del volumen de La Caña
Gris, para el que el propio Cernuda había movilizado o indicado la
participación de Octavio Paz,[3]
Carlos Peregrín Otero,[4] Derek
R. Harris[5] y
Robert K. Newman.[6]
De la impaciencia, Jacobo Muñoz tuvo puntual conocimiento por frases
como: “Sus noticias sobre el número me interesan y avivan mi curiosidad. Ya veo
que su aparición va a demorarse.”[7] (Carta
de Cernuda, de 22 de febrero de 1962); “Carlos Otero me envió ayer la lista de
colaboradores del número, así como la noticia de que éste se presume que esté
listo en abril. Ya veremos.”[8] (Carta
de 30 de marzo de 1962); “Había llegado a pensar que el número de la revista,
en proyecto, era una broma. Otra vez le pido que me disculpe. Ya ha oído que
soy persona «antipática, fría, etc., etc.»” [9] (Carta
de 24 de agosto de 1962).
La razón del retraso (aparte los problemas propios de la publicación, en
la España de entonces, de un homenaje a un poeta tan señaladamente contrario al
régimen y con el baldón añadido de su condición sexual manifiesta en su poesía)
estuvo también en las demoras que hubo en la entrega de las colaboraciones. Por
confesión telefónica de Francisco Brines, con quien he comentado este asunto,
sé que él fue de los que más se retrasó, en parte por su bisoñez en la escritura
crítica, y en parte por lo que jocosamente llama entre amigos su pecado capital
de la pereza.
El supuesto incomodo cernudiano por la tardanza del homenaje prometido se
manifestó en carta a Gil de Biedma: la carta que Valender publica como 1013 en
su Epistolario. 1924-1963 de Luis Cernuda.[10] Y
Jacobo Muñoz, a toro pasado, tuvo noticia terciada (según nos informa la carta
de Biedma que aquí se publica) por “la delicada indiscreción de los
señores de Velintonia”, es decir, Vicente Aleixandre y Carlos Bousoño.
Indiscreción que no se habría podido dar (como reconoce él mismo en su carta)
si el propio Biedma no llega a airear el comentario de Cernuda, dándole una
importancia que no tenía: “no sé si debo acusarme yo también un poco, por haber
aguzado un dardo inexistente.” Los hechos consumados y enterado Jacobo Muñoz,
Jaime Gil se ve en la obligación amistosa y ética de mostrarle que no es para
tanto el asunto (y en realidad no lo fue, si comparamos lo que Cernuda dice a
Biedma con la ya mencionada carta de agosto del 62 dirigida al propio Muñoz).
Para zanjar el malentendido, Gil de Biedma transcribe, en la carta que ahora
consideramos, el párrafo “famoso”: famoso por haberse hecho público con la
indiscreción, en primer lugar, del propio Biedma contándolo, y luego, del
entorno de Aleixandre transmitiéndolo al directamente implicado Jacobo Muñoz.
Sin duda estas tormentas en vaso de agua pueden ser importantes en su
momento, pero pierden todo su valor con el paso de los años. Aunque en este
caso corroboran el desencuentro naciente entre Aleixandre y el grupo
barcelonés, que aparece, por ejemplo, en la siguiente anotación de 1 de abril
de 1962, hecha por José Luis Cano y publicada en Los cuadernos de Velintonia:
“Elogios a Paco Brines [por parte de Aleixandre] y a Carlos Sahagún. Éste le
parece un chico puro, y un poeta auténtico. «Aunque de ideas comunistas, su
independencia de criterio se muestra al no estar dispuesto a seguir al grupo
catalán ni a aceptar su poesía como buena.»”[11]
Gil de Biedma se muestra inseguro y dubitativo en la parte final
autógrafa de esta tercera carta, lo que nos indica el alcance de su devoción
cernudiana.
La cuarta carta (dejando aparte los aspectos personales, que no requieren
ningún tipo de explicación, y que muestran el escalonado ascenso en la relación
amistosa de Gil de Biedma, en ese momento, con Jacobo Muñoz) es una carta
especialmente interesante porque nos permite conocer una versión previa (aunque
ya muy elaborada) de un poema que aparecerá en Moralidades, el titulado Volver.
Me permito poner en negrita las variantes con respecto al texto definitivo que
todos hemos leído:
Mi recuerdo
eran imágenes,
en el
instante, de ti:
esa
expresión y el matiz
de tus
ojos.., algo suave
en la
inflexión de tu voz,
y tus
bostezos furtivos
de lebrel
que ha maldormido
la noche en
mi habitación.
Volver,
pasados los años,
hacia la
felicidad
— para verte
y recordar
que yo
también he cambiado.
Transcribo a
continuación el texto publicado en Moralidades:
Mi recuerdo
eran imágenes,
en el
instante, de ti:
esa
expresión y el matiz
de los
ojos, algo suave
en la
inflexión de tu voz,
y tus
bostezos furtivos
de lebrel
que ha maldormido
la noche en
mi habitación.
Volver,
pasados los años,
hacia la
felicidad
— para
verse y recordar
que yo
también he cambiado.[12]
Gil de Biedma
era un poeta muy reflexivo respecto al terminado de sus poemas, nada dejaba al
azar de la emoción poética o de la inspiración, dicho al modo romántico; por
tanto estos pequeños cambios son sin duda significativos. La eliminación de los
innecesarios puntos suspensivos, limpiando el texto, o la sustitución por el
indeterminado de “un matiz”, dando así más amplitud al lenguaje de los ojos,
nos indican el grado de apurado de su escritura poética. Y sobre todo el final
cambio de “para verte” por “para verse”, que puede responder simplemente a una
necesidad de descargar el poema de tanto “tú”: de ti, tu voz, tus bostezos;
pero también puede pretender una mayor objetivación de expresividad lírica, tan
cara a este poeta.
La última de las cartas, que es la más extensa de todas por las “ganas
agudas de conversación” que declara tener el poeta para con su interlocutor
epistolar, retoma el ya mencionado desencuentro del grupo de poetas de la
Generación del 50 residente en Barcelona con el maestro Vicente Aleixandre.
Aunque es notorio el afecto que profesaba Gil de Biedma a Aleixandre, las
relaciones se habían enturbiado de alguna manera: en general, con el grupo de
Barcelona (como constata la nota de Cano antes transcrita), y al parecer también
en particular con el propio Gil de Biedma, más cercano que los otros a
Aleixandre por bastante tiempo. El origen de la desavenencia personal parece
nacer, según la carta, del artículo El ejemplo de Luis Cernuda, que
había publicado el propio Gil de Biedma en el homenaje de La Caña Gris.
Sabemos que a Cernuda le gustaron bastante las colaboraciones de los jóvenes
poetas y no tanto las de sus compañeros de generación;[13]
posiblemente a la inversa, tampoco gustó a los viejos poetas la actitud
encendidamente pro Cernuda de la naciente generación poética, que
indicaba cierta desatención hacia ellos mismos. No olvidemos la dedicación de
Aleixandre a los nuevos poetas españoles y que su casa de Velintonia fue para
todos lugar de peregrinaje y de buena acogida.
Si releemos desde esta perspectiva El ejemplo de Luis Cernuda,[14] las
claves del posible enfado de Aleixandre se muestran de manera prístina. La afirmación del magisterio de Cernuda para
con la nueva generación se proclama contra el resto de poetas del 27. Dice ya
desde muy pronto: “la poesía de los del 27, contra la cual ahora empezamos a
reaccionar conscientemente”.[15] Aquí
habla todavía Gil de Biedma de manera general, pero más adelante compara tres
ensayos, de tres poetas de la misma generación, reflexivos sobre la propia obra
de cada uno de ellos: Historial de un libro de Cernuda, El Argumento
de la obra de Guillén y Mis Poemas mejores de Aleixandre. Al de
Guillén lo califica de escolástico y al de Aleixandre de limitado, destacando
el vuelo sin igual del de Cernuda, parangonado con Wordsworth o Arnold. Más
adelante acusa de formalismo, de proceso de abstracción poética de sus
experiencias personales, a todos los poetas del 27: “eso es lo que hacían los
poetas del 27 y lo que, sin darse cuenta, hacen aún la mayoría de ellos”.[16] No
sólo caen en el error, sino que lo perpetúan, en un limbo de ignorancia
absoluta. Ciertamente el artículo se va encrespando constantemente. Gil de
Biedma acusa a muchos jóvenes poetas de seguirlos, por estar obnubilados con
los muchos logros que había alcanzado esa generación. “La ausencia de una
revisión seria de los supuestos estéticos en que se fundamenta la poesía de los
del 27, de una meditación acerca de los problemas específicos, […] que plantea
la poesía que se intenta hacer se han traducido, como es lógico, en una falta
total de forma en los peores, en los mejor dotados literariamente, en una
inconsciente dependencia, en el plano teórico y en el plano formal”.[17]
Biedma propone al final de su artículo la búsqueda de una nueva tradición
a seguir por los más jóvenes, “unos maestros a imagen y semejanza de los versos
que intentamos hacer. En ambos respectos, Luis Cernuda es el ejemplo más
próximo.”[18] Y el artículo termina
explicitando con un mazazo lo que ya venía siendo presupuesto de todo el
artículo, el afianzamiento del magisterio cernudiano frente al resto de su
generación poética: “Cernuda es hoy por hoy, al menos para mí, el más vivo, el
más contemporáneo entre todos los grandes poetas del 27, precisamente porque
nos ayuda a liberarnos de los grandes poetas del 27.”[19]
Incluso respecto a los más grandes poéticamente (entre los que naturalmente
debe incluirse a Aleixandre), Gil de Biedma rechaza su magisterio, el de todos
ellos. ¿Cómo no iba a molestar un artículo de este jaez al entregado poeta de
Velintonia?
Podemos hablar de vehemencia, de torpeza juvenil o de carácter complejo,
pero, tratándose de Gil de Biedma, en ningún momento de ingenuidad. Gracias a
la carta que ahora nos permite conocer Jacobo Muñoz, escrita en junio de 1963,
asistimos al ‘ajuste de cuentas’ entre los dos poetas. El inteligente Gil de
Biedma inventa una excusa teórica: su cercanía poética al “carácter
problemático de la experiencia moral” de Cernuda. La “visión totalizadora” de
Aleixandre le queda más lejana. Aleixandre no está a la altura del astuto poeta
barcelonés, e intenta convencerlo de que su “temperamento poético era más
totalizador de lo que […] creía”.
La carta continúa con anecdotario personal cuyo comentario resulta una
vez más innecesario; pero, al final ya, vuelve a mostrar interés filológico por
la referencia a otro de los poemas que conformarán el corpus de Moralidades, el que aquí denomina El
viaje a Citerea y que acabará teniendo el nombre más redondo de Desembarco
en Citerea,[20] uno de los más bellos
poemas de Biedma, y que inevitablemente nos remite a la famosa pintura Pèlerinage à
Cythère de Watteau. Gil de Biedma sólo somete a la opinión de Jacobo Muñoz
una estrofa, la siguiente:
“Cuando vaya a
dormir
a solas y muy
tarde, la nostalgia
sucederá a la
envidia y al deseo.
Nostalgia de una
edad del corazón,
y de otra edad
del cuerpo,
para soñar de
noche en las playas
el mundo de dos
en dos.”
La razón es una inseguridad respecto a la ruptura rítmica de los dos
últimos versos: “Se trata de un conjunto de endecasílabos y heptasílabos que va
a desembocar en dos versos de raíz distinta, uno de diez y otro de ocho
sílabas. Quisiera saber si esa disonancia es demasiado fuerte para el oído”. No
sabemos lo que Jacobo Muñoz le respondió, pero Biedma mantuvo esa disonancia,
que le gustaba. La estrofa, como la conocemos definitivamente, es:
“Cuando vaya a
dormir
a solas y muy
tarde, la nostalgia
sucederá a la
envidia y al deseo.
Nostalgia de una
edad del corazón,
y de otra edad
del cuerpo,
para de noche
inventar en las playas
el mundo,
de dos en dos.”
El acento ortográfico que
introduce en el último verso carece de importancia poética, pero es interesante
comentar el cambio en el penúltimo (en negrita). El pretendido decasílabo que
transcribe la carta (podría considerarse endecasílabo), “para soñar de noche en
las playas”, es duro, obliga a una sinalefa (entre “noche” y “en”) muy poco
idiomática. Pero tampoco la solución endecasilábica definitiva se encuentra
entre los mejores logros de la poesía de Biedma; aunque el milagro de la poesía
hace que no importe, estando como está en un poema tan logrado en su conjunto.
A veces un mal verso destruye todo un poema, pero no es éste el caso.
Agradezcamos, para terminar
esta nota a las cinco cartas de Jaime Gil de Biedma que ahora se publican por
primera vez, la generosidad de Jacobo Muñoz que nos permite conocer —como decía
al comienzo— un último matiz de la importante relación de Cernuda con los
poetas del 50, a través del significativo episodio de La Caña Gris.
Gracias, Jacobo.
Gracias, Jacobo.
[1] Este
trabajo se publicó por primera vez en la revista Antaria. Poesía, artes visuales, narrativa, pensamiento, 3 (2005): 128-160.
[2] La
Caña Gris. Revista de Poesía y Ensayo. Valencia 1960-1962, edición de
Jacobo Muñoz, Sevilla, Renacimiento, 2002.
[3] Cf.
Luis Cernuda, Epistolario. 1924-1963, edición de James Valender, Madrid,
Publicaciones de la Residencia de Estudiantes, 2003, carta 962, p. 987.
[4] Cf.
Ibídem, carta 948, p. 965, y carta 949, p. 966.
[5] Cf.
Ibídem, carta 982, p. 1012.
[6] Cf.
Ibídem, carta 949, p. 967.
[9]
Ibídem, carta 1020, p. 1051.
[10]
Ibídem, p. 1045.
[11] José
Luis Cano, Cuadernos de Velintonia, Barcelona, Seix Barral, 1986, p.
154.
[12]
Jaime Gil de Biedma, Las personas del verbo, Barcelona, Seix Barral,
1982, p. 99.
[13] Cf.
Luis Cernuda, Epistolario. 1924-1963, cit., carta 1020, p. 1052.
[14] Cf.
Jaime Gil de Biedma, “El ejemplo de Luis Cernuda”, en La Caña Gris. Revista
de Poesía y Ensayo. Valencia 1960-1962, cit., pp. 296-300.
[15]
Ibídem, p. 296.
[16]
Ibídem, p. 299.
[17]
Ibídem, pp. 299-300.
[18]
Ibídem, p. 300.
[19]
Ibídem, p. 300.




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