No;
no se trata de hacer aquí un remedo bibliofílico de aquel popular anuncio de
compresas. La única compresa que va a necesitar el lector es la que deberá
aplicarse sobre la cabeza con algún cataplasma sacado del laboratorio de Fierabrás,
para paliar la cefalalgia que a buen seguro le producirá lo que a continuación
voy a contarles. Como la pregunta “¿a qué huelen las nubes?” ya fue resuelta
por quién sabe qué misteriosos recovecos del instinto menstrual en el anuncio
de marras, ahora a unos científicos eslovenos y británicos les ha dado envidia
y han conseguido identificar hasta 15 moléculas volátiles responsables del olor
de los libros, lo cual tiene menos mérito que averiguar el olor de las nubes en
plena visita del nuncio pero que supone una nueva contribución a la ciencia
odorífica y hasta complementa a la anterior, pues de todos es conocida la
relación entre los libros y las nubes. Pues bien, según la revista Analytical
Chemistry, donde se publica este estudio, el papel de los libros,
particularmente el de los libros viejos, está compuesto, entre otros elementos,
por la lignina, el polímero orgánico más abundante en el mundo vegetal y
pariente de la vainilla, de ahí su olor dulzón. La oxidación de la lignina es
la que hace amarillear las páginas de los libros, algo que ya casi no ocurre
con los libros nuevos porque éstos están fabricados con papel libre de ácidos,
casi sin lignina. Ahora viene el dolor de cabeza. La lignina está altamente
polimerizada y está formada por
monómeros de fenilpropanoides, parecidas al fenilpropano, pero (¡ojo!) no iguales (matiz altamente interesante), concretamente alcoholes fenilpropílicos, como el cumarílico, el coniferílico y el sinapílico.
monómeros de fenilpropanoides, parecidas al fenilpropano, pero (¡ojo!) no iguales (matiz altamente interesante), concretamente alcoholes fenilpropílicos, como el cumarílico, el coniferílico y el sinapílico.
No,
no, no y cien veces no. Todo esto podrá resultar muy útil para la ciencia; de
hecho, los procesos diagnósticos de degradación (la degradómica) a través del
olor, pueden ofrecer datos sobre el nivel de deterioro de los libros y ponerle
freno a tiempo. Muy útil para la ciencia, digo, pero maldita la falta que nos
hacía a los amantes de los libros el dichoso descubrimiento. Esto es como
cuando nos dicen que el inconmensurable amor que sentimos por nuestra pareja se
reduce a unas reacciones químicas producidas por nuestro organismo y que los
escasos accesos de felicidad de nuestras vidas son, en realidad, un subidón de
unas cosas llamadas endorfinas. Pues me rebelo y me rebelo.
Y desde La Galla Ciencia (ay, el olor de las revistas…) llamo a la insumisión a todos los enfermos de luna, a todos los estornudadores de lignina en viejas bibliotecas, a todos los que duermen con un libro abierto en el regazo, a todos los que se hallaron en las páginas de un libro. A todos, ejército parapetado tras la indestructible adarga de los libros, blandiendo vuestros marcapáginas de cartón, yo os convoco y os arengo para que contestemos a los eslovenos del chemistrynoséqué y les digamos con grito unánime, como lección bien aprendida, que los libros huelen al trigo castellano de Antonio Machado; que huelen a la higuera de Miguel Hernández, al salitre del mar de Alberti, al incienso de las ciudades levíticas de Gabriel Miró, a la ambrosía de los dioses homéricos, al tabaco y al vino de Gil de Biedma, al azahar de los naranjos de Blasco Ibáñez, a los harapos del exilio de tantos, a hojarasca de los pueblos perdidos de Julio Llamazares, al perfume embriagador y subyugantemente femenino de Ana Ozores o de Emma Bovary. Que los libros huelen, sobre todo, a nuestros dedos, a las lágrimas que reblandecieron el papel. Y que quizás también, algún libro que me prestaste, huela a ti, amor mío, y al volver la página, tal vez levante polímeros de tu piel y, en tu ausencia, seas, de repente, epifanía de aroma dulce para mi añoranza.
Y desde La Galla Ciencia (ay, el olor de las revistas…) llamo a la insumisión a todos los enfermos de luna, a todos los estornudadores de lignina en viejas bibliotecas, a todos los que duermen con un libro abierto en el regazo, a todos los que se hallaron en las páginas de un libro. A todos, ejército parapetado tras la indestructible adarga de los libros, blandiendo vuestros marcapáginas de cartón, yo os convoco y os arengo para que contestemos a los eslovenos del chemistrynoséqué y les digamos con grito unánime, como lección bien aprendida, que los libros huelen al trigo castellano de Antonio Machado; que huelen a la higuera de Miguel Hernández, al salitre del mar de Alberti, al incienso de las ciudades levíticas de Gabriel Miró, a la ambrosía de los dioses homéricos, al tabaco y al vino de Gil de Biedma, al azahar de los naranjos de Blasco Ibáñez, a los harapos del exilio de tantos, a hojarasca de los pueblos perdidos de Julio Llamazares, al perfume embriagador y subyugantemente femenino de Ana Ozores o de Emma Bovary. Que los libros huelen, sobre todo, a nuestros dedos, a las lágrimas que reblandecieron el papel. Y que quizás también, algún libro que me prestaste, huela a ti, amor mío, y al volver la página, tal vez levante polímeros de tu piel y, en tu ausencia, seas, de repente, epifanía de aroma dulce para mi añoranza.
Fernando
Parra Nogueras
Fernando Parra es profesor de Lengua y Literatura Españolas en el IES Torrellano (Alicante). Ha participado en la redacción de contenidos enciclopédicos para las editoriales Espasa-Calpe y Plaza &Janés y ha colaborado en la valoración de manuscritos para la editorial Funambulista. Ha colaborado eventualmente en el Diario Información de Alicante y con diferentes revistas literarias como Subverso. Ha participado en la presentación de libros y ha prologado el último poemario del poeta Pedro Gomila. Desde hace 5 años mantiene una columna semanal de carácter literario en el Diari de Tarragona, llamada "El cura y el barbero", cuyos artículos están pendientes de ser publicados en una antología. Alguno de sus artículos ha quedado entre los finalistas del Premio Nacional de Periodismo Literario Francisco Valdés. Recoge sus artículos en su blog personal Cesó todo y dejéme.


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