TREINTA AÑOS SIN CORTÁZAR
2014 es el año del centenario de Córtazar,
pero muchos de nosotros recordamos también que murió el 12 de febrero del 84.
Llevamos treinta años sin el “grandísimo cronopio”, como dice la placa conmemorativa
en el lugar en que vivió en París.
Unos años antes, en A fondo, el magnífico programa que dirigía y presentaba Soler
Serrano (os aseguro que es verdad: nuestra televisión vivió mejores tiempos),
oí a Cortázar por primera vez. Había leído casi todo lo publicado por él hasta
entonces; había releído muchos de sus relatos cortos -como Sanchis Amat, yo
también los prefiero a las novelas-; los había imitado… Pero nunca lo había
oído hablar. Fue una especie de revelación: me pareció que entre sus
narraciones y su expresión oral había un nexo muy profundo; entendí (en la
medida de lo posible) por qué era tan frecuente que el cuento fluyera como si
lo estuvieran contando oralmente, por qué me gustaba leerles a otros en voz
alta muchos pasajes (palabra ésta, por cierto, muy querida por él). Además me
enamoré para siempre del acento argentino, aunque las erres de Cortázar no eran
precisamente porteñas. A propósito de todo esto, y por muchas más razones,
recomiendo vivamente a quien no lo conozca La
fascinación de las palabras, el libro de conversaciones con Julio Cortázar
de Omar Prego, que publicó Muchnik en 1985.
Ese mismo año leí Salvo el
crepúsculo, el libro del que tan acertadamente hablaba Víctor M. Sanchis
Amat hace dos semanas -felicitaciones a él mismo y a La Galla ciencia-. Lo leí
en los días de un proceso febril (literalmente), que tal vez era muy adecuado
para aprehender este libro -releed, si lo conocéis, la cita de Marguerite
Yourcenar del principio-. También amé -y amo- su poesía y la encontré,
salvando las distancias, muy próxima en ciertos aspectos a mi primer libro, que
estaba a punto de publicarse. Como podéis suponer, esta impresión me alentó
mucho; también le debo esto.
Después de la muerte de Cortázar he escrito
varios poemas relacionados con él. Sólo
he publicado dos (los otros no me han parecido muy logrados), que son los que
transcribo a continuación.
El primero
apareció, con el título modificado, en Retratos
de interior y fue escrito de una tirada el mismo día de su muerte, en un
estado febril (este no literal) y sin conciencia clara de lo que iba saliendo -¿escritura automática? No sé- y el segundo pertenece al libro De qué árbol; en él la palabra “figura”
se emplea en sentido cortazariano y lo
del “broche escandinavo” se debe a que tengo una reproducción de esta antigua
joya vikinga y es uno de los objetos más
armónicos que conozco.
Aquí tenéis los
poemas:
JULIO CORTÁZAR HA
MUERTO EN PARÍS
Obscuro alumbra
el sol. Por los caminos
una neblina
fría va enturbiando
el verdor de
los árboles, la música,
nuestra
distancia de París tan lejos.
Debes pintar de
tiza obscura la rayuela,
hundir los ojos
secos en los bordes del agua,
cubrir las
fotos viejas con las manos vacías.
Bajo un cielo
perdido se cruzan desde ahora
todos los
parques, juegos, veranos y señales.
Se cruzan con
nosotros las tardes y los sueños,
las horas de la
magia.
Pinta de tiza
negra tu rayuela. Y llora.
Y vente a ver
el mar.
París está muy
lejos.
(del libro Retratos de interior)
© Vanessa Castaño
UNA “ FIGURA” PARA JULIO CORTÁZAR
La palabra armonía
es un dibujo curvo,
una trama de
líneas de perfección redonda.
Comienzo su
silueta
con el cuidado
atento con que talla el orfebre
el metal y la
piedra.
La palabra armonía
es un juego de arcos,
un broche
escandinavo
que estoy
viendo enhebrarse en el aire de Julio.
He empezado a
trenzar, con el dedo y los labios,
los compases
primeros,
el principio
del círculo.
Pero, en alguna
parte,
con ojos
obstinados,
el niño que tú
eras
está cerrando
el último, el signo más perfecto.
(del libro De qué árbol)
Aurora Saura
Aurora Saura Bacaicoa nació en Cartagena y residió en Alicante la mayor
parte de su infancia. Se licenció en Filología Románica en la
Universidad de Murcia y es profesora de Instituto.Aunque escribía desde muy joven, sólo empezó a hacerlo con regularidad en los últimos años setenta y no pensó en publicar hasta el ochenta y cuatro, en que dio por terminado su primer libro,“Las horas”, editado en 1986 por la Editora Regional de Murcia. Sus escritos en prosa (relatos breves, diarios...) permanecen en su mayor parte inéditos y ha publicado otros dos libros de poemas: “De qué árbol” (1991) “Retratos de interior”(1998) y "Si tocamos la tierra" (2012).
Ha colaborado en coloquios, lecturas poéticas, revistas literarias y libros franceses para estudiantes de Español.



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