LOS ORGASMOS DEL VERBO.
A PROPÓSITO DE JAIME
GIL DE BIEDMA. RETRATO DE UN POETA DE MIGUEL DALMAU
Al margen del revuelo que suscitó la
aparición de la voluminosa biografía de Jaime Gil de Biedma sobre la conveniencia
o no de la publicación de multitud de detalles escabrosos y “secretos” de su
agitada vida amorosa, de lo que no cabe duda es que este tríptico a la manera
de Francis Bacon constituye un completo retrato a tres bandas sobre la figura
de un poeta para el que “un libro de poemas no viene a ser otra cosa que la
historia del hombre que es su autor”, que arroja una luz reveladora sobre una obra que no carece de
claroscuros, veladuras y silencios.
El tríptico de Dalmau nos permite
contemplar al mismo personaje desde tres puntos de vista complementarios: al
alto ejecutivo de la Compañía
de Tabacos de Filipinas; al poeta de la seducción y la ironía, su obra, sus
filias y fobias amistoso-literarias; y al amante noctívago y dipsómano,
impaciente “buscador de orgasmo” que se pierde por los bajos fondos de la
ciudad (llámese Barcelona o Manila) en pos del placer inmediato, pero que
también busca el amor verdadero. En realidad, los dos últimos “paneles” del
cuadro deberían ser uno solo, la disociación obedece, en opinión de quien
suscribe estas líneas, a una ávida licencia narrativa del autor para postergar
el presunto “secreto” de su vida sentimental y sexual para la tercera parte,
incentivando así en las otras dos la curiosidad legítima del “hipócrita
lector”. El poeta y el amante son uno, y sólo tras la lectura del tercer
“panel” quedan revelados la génesis, las circunstancias y los personajes de no
pocos de sus poemas amorosos y, ¿por qué no?, del acto de la creación poética
en sí. Si su iniciación lírica devino, por consejo de Fabián Estapé, como
remedio terapéutico o catarsis postcoital tras la frustración amorosa, más
tarde el “juego de hacer versos” más allá de constituir un mero “placer
solitario” se convierte en pulsión vital. Capacidad sexual y creativa se identifican:
“Cuando se te acaba el sexo, cuando el sexo pierde fuerza, se debilita también
el poder de creación”; éste no deja de ser un curioso argumento exculpatorio
del silencio verbal que aquejó la última etapa del poeta. La poesía es, pues,
“flujo espermático” y los orgasmos son en última instancia verbales.
Pese a que la
biografía de Dalmau no está exenta de defectos – cotilleos sin contrastar,
descontextualizaciones, profundización en morbosos detalles que podrían haber
sido carnaza para “sálvames” de la pequeña pantalla, la ausencia de
documentación de muchas citas,... -, también nos ofrece los múltiples resortes
de la personalidad de un poeta-amante complejo y contradictorio que ayudan a
esclarecer muchas claves de su vida y obra, ambas presididas por el eterno
conflicto entre Afrodita Pandémica y Afrodita Celeste, la dualidad
irreconciliable del amor. “Pandémica y Celeste” – piedra angular de la lírica
amorosa biedmaniana -, las dos advocaciones de la diosa Afrodita que identifica
Pausanias en su discurso sobre el amor en El Banquete de Platón: la
primera representa el amor efímero, carnal y promiscuo, cuyo objeto es la mera
satisfacción de las pulsiones sexuales, Biedma la caracteriza como
“experiencias de promiscuidad”, “trabajos de amor disperso” o “pasión de una
noche de dormida”, esto es, experiencias homo y heterosexuales sin límite en
una suerte de hedonismo autodestructivo; la segunda es el amor sublime,
espiritual y verdadero, “el dulce amor/ el tierno amor”, “el verdadero amor”
que el autor, antes que homosexual, “rabiosamente homosentimental”, parece
hallar en Jorge Vicuña, José Antonio Ribas o Joseph Modern. Pero la voz poética
sufre la tensión entre la historia amoroso-erótica, más pandémica que celeste,
y la propia conciencia de culpa - que, según Dalmau, podría tener su origen,
además de en las obvias circunstancias paternofiliares y sociales, en su
infancia, en un supuesto acoso sexual de un anónimo familiar-, generando una
poesía voluntariamente ambigua, donde el sexo del amado es secundario: “nunca
se aclara el sexo del amado y los versos tampoco invitan a descubrirlo”.
Después de todo, la experiencia vital en poesía es “elevada a un nivel de
significación en que la vida de uno es ya la vida de todos los hombres” y poco
importa la concreción anecdótica. “Pandémica y Celeste” tal vez parta, como
indica Dalmau, de la experiencia de la infidelidad y su germen sea el deseo de
justificar ante el amante las continuas traiciones del poeta, pero poco
importa, porque ante todo es un gran poema sobre la naturaleza dual del amor,
el antagonismo universal entre los lados sexual y espiritual del amor, el amor
puramente erótico, regido por la mera búsqueda del placer, y el amor único,
espiritualizado en aras de la estabilidad emocional; dilogía conflictiva que
difícilmente puede armonizarse cuando uno de los polos por las razones que sea
(sociales, psicológicas,...) domina sobre el otro.
Tras la lectura de la biografía de Dalmau, queda claro que en el
caso concreto del autor de Moralidades Afrodita Pandemos es “Afrodita
Despótica”, el fornicador desaforado y compulsivo gana la batalla al amante
espiritual, incluso en la última etapa de los años 80, cuando el poeta
atraviesa una total sequía creadora, se sumerge en las aguas de una
promiscuidad desmedida y autodestructora que en última instancia lo arrastrarán
hacia la enfermedad y la muerte, alcanzando la paz que no encontrara en vida:
Hasta morir en
paz...,
como dicen que
mueren los que han amado mucho.
JOAQUÍN PIQUERAS


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