YEATS, JOYCE:
CENTENARIOS DE AHORA
El fragmento de Yeats es la piedra de la tercera estrofa. Lee: The stone’s in the midst of all. El de Joyce, los colegios de Clongowes Wood y Belvedere. (Imposible no acordarse de Pérez de Ayala: A.M.D.G., 1910). Y el hoyo al que lo tiran, donde intuye el sentido del mundo (como Haruki Murakami y Jorge de Oteiza). Resumirá en Ulysses: Chuck Loyola! Tales son las conclusiones de ambos sobre su país. Certeramente divergentes.
Solo que un país no se presta
solo a conclusiones. Se lleva a cuestas. Los vecinos, los planes, los olores,
todo eso que se enrosca, ensarta y apelmaza en el lenguaje, la memoria, los
lugares de paso, los alcorques de cada cual.
Lo cuenta Yeats en las cuatro
estrofas de Easter 1916. Yendo del gris
al verde. De los rostros sin nombre a la elegía en honor de los héroes,
nombrados uno a uno. De la quietud al movimiento: provocado por una piedra
inmóvil, imagen del gran oxímoron del poema, tres veces repetido en él. De la
indiferencia, aun rechazando la violencia, a la compasión. De la política del
día, al mito. Ah, los hijos de Lir de todos los siglos. De los tiempos verbales
en pasado a, mediado el poema, un presente en adelante, libre de gramáticas enrejadas.
De la semántica de los espacios cerrados al estallido del país en la sola palabra green. Del ritmo y la métrica espoleados a cada verso por la
palabra cambio. Porque, pese a todo, todo ha cambiado. A terrible beauty is born. Poema equinoccial: el mito de la
resurrección campa a sus anchas.
Joyce, el irlandés del corazón en Dublin. En A Portrait of the Artist as a Young Man Stephen Dedalus y él hablan
de la figura de Parnell, del nacionalismo, del papel desempeñado por el clero
católico, de la lengua irlandesa. Al principio y al final de la novela. Duro
con el papel del clero, por haber aceptado la unión con Inglaterra a cambio de ver
garantizada su posición dominante como confesión religiosa frente a los
protestantes, por su oposición a los fenianos… ¡Fuera
Dios para que Irlanda salga adelante! dirá el personaje tal. Crítica más
radical: su concepto de opresión nacional no se detiene en el dominio
británico, sino que incluye la religión, los oscuros meandros de la vida
irlandesa. Su concepto de libertad también va más allá de la independencia
política. Stephen Dedalus se debate entre sus cuitas hamletianas y la herencia
cultura irlandesa. No voy a pagar por lo que hicieron mis antepasados, proclama.
Escritor, la piedra de toque, la
lengua: ¿irlandés o inglés? De Stephen Dedalus dice que le habían enseñado
irlandés y conformado su ruda imaginación con las luces rotas del mito irlandés.
Por eso, el inglés lengua superpuesta, adquirida, donde el alma se erosiona.
¿Por qué, entonces, no estudia ni se expresa en irlandés? Respuesta terminante:
soy fruto de esta raza, este país, esta vida, por eso me
expresaré tal como soy. Prima el modernista. Invoca la conciencia increada de
su raza, constante en toda su obra, pero del nacionalismo político le separaba
irremisiblemente su insistencia en la lengua nacional. Mirar el mundo por una
sola ventana.
Mario Grande


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