El alma oblicua.
La poesía filosófica de Vicente Cervera
Vicente
Cervera Salinas es un poeta contemporáneo español, que siempre ha vivido entre
libros. Es catedrático de la Universidad de Murcia, especialista reconocido de
la literatura hispanoamericana, realizó su tesis doctoral sobre la poesía de
J.L. Borges. Además de haber publicado numerosas monografías, varios estudios
comparativos, la edición crítica de una obra del gran humanista dominicano, Pedro
Henríquez Ureña, y la del narrador y dramaturgo cubano, Virgilio Piñera también
se deben a su labor. Aparte de su actividad filológica, es actor teatral y
cantante. Su primer volumen titulado De aurigas
inmortales salió a luz en 1993, en el que rinde homenaje a la tradición de
la epístola española, cuando se dirige a próceres históricos. La segunda
colección es La partitura (2001), que
está estructurada en torno a principios de construcción musical, en tanto que
revivimos en el alma estados anímicos, mediante temas y contrapuntos melódicos.
El alma oblicua (2003) es su tercer
tomo, en el que descifraremos mensajes
codificados gracias a claves culturales, filosóficas y estilísticas. Y en el
cuarto libro, titulado Escaladas y otros
poemas (2011), a partir del poema que da el título de la colección (“Escalada”) las
categorías del espacio, los campos semánticos de la verticalidad cada vez más se
fusionan con las del tiempo, o bien con las innumerables dimensiones del ser.
La poesía de Vicente Cervera es la combinación particular
del tono filosófico con tonos personales y cotidianos, en la que los silencios y
las pausas se convierten mucho más en los espacios de la reflexión que en
lugares tradicionales de las rimas. Son poemas que requieren una lectura
profunda, no suponen una recepción ligera. Nos incita a parar, a interiorizar,
a adentrar, con cada verso nos invita a emprender un viaje, a atravesar
senderos de las tradiciones poéticas hacia las instancias actuales de nuestro
mundo contemporáneo. Las cargas semánticas multifacéticas y caleidoscópicas,
las sugerencias ontológicas, los fragmentos disimulados de la realidad, pueden
ser comprendidos dentro de los marcos de la fenomenología heideggeriana, que se
revelan en el proceso cognoscitivo y como resultado del mismo, representan la
verdad artística. De acuerdo con el adjetivo del título del volumen El alma oblicua, el yo poético siempre
se desvía del camino recto y trillado, unas veces lento y cauteloso, otras
veces a una velocidad vertiginosa penetra en los laberintos borgesianos de la
existencia y la razón. Gracias a la pluma de András Imreh, la poética de
Cervera se ha acercado a la lengua magiar, pues esta vez podemos leer dos
poemas del tomo traducidos maravillosamente al húngaro.
En el poema “Al que quedó” se trasluce la dicotomía de la presencia y la ausencia, que así tematiza la dualidad de pasado versus futuro. Las metáforas bien conocidas de la “piedra” y la “canción” ponen en juego el arte cósmico de materialidad y espiritualidad, lo imperecedero y lo fugaz, pasado y futuro, la realidad tocable y grave frente a lo poético aéreo e inabarcable. De tal modo se problematiza el tema de lo fragmentario y la totalidad, así como el del yo sujeto y la otredad.
En la pieza “Yacimientos” se proyectan los temas del autoconocimiento y la
autorreflexión, tanto en el nivel visual, puesto que el yo lírico desde una
posición vertical se coloca en posición horizontal, como en el nivel
ontológico, en el sentido de que el instante se ajusta a la circularidad de lo
eterno, cuando el origen se vincula con el término, la vida con la muerte, los
secretos con los sueños. Dos maneras de yacer se conectan a través de los
encabalgamientos, el descanso agradable de una siesta frente a la inmovilidad
infinita e inevitable del cuerpo muerto, rígido, abandonado por el alma.
En los poemas de Vicente Cervera la intensidad rítmica nos
eleva a las altitudes metafísicas, donde la creación poética cobra sentido en
el proceso cognoscitivo del sujeto. El punto de partida siempre es la
observación empírica de un pedazo del universo. La poesía constituye la
representación lírica de las metamorfosis constantes del hombre, que por otro
lado, supone la necesidad perpetua de cuestionar y reconsiderar los conceptos
temporales. Vicente Cervera es discípulo de los grandes poetas
hispanoamericanos –Jorge Luis Borges, Vicente Huidobro, José Lezama Lima, Rubén
Darío–, y tal vez nos reconduce a todos ellos. Tal como lo expresa él mismo: “Soy la ruta esquiva y sinuosa / en
el plano inmaculado. […] Alma / oblicua que ama, al fin,
la rectitud.”
Gabriella
Menczel
Universidad Eötvös Loránd, Budapest
En la foto, Vicente Cervera con Rosa María Sánchez-Cascado Nogales, directora
actual del Cervantes de Budapest, tomada el día de su recital el 27 de Septiembre de 2014.
*Para leer la traducción al húngaro de los poemas de Vicente Cervera de "El alma oblicua" traducidos por András Imreh, pinchad el siguiente enlace.



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