QUASÍMODO, UNA POÉTICA DEL HOMBRE.
De los años cincuenta son dos interesantes
reflexiones de Quasímodo sobre la poesía: ”Una poetica”, de 1950, y “Discurso
sulla poesia”, de 1953.
Hay una parte de la reflexión poética en Italia
durante este siglo que se relaciona con la poética cívica española. Coincide
con la manera más profunda de entender el compromiso poético (también vigente
en las mismas fechas en nuestro país) y al poeta como modificador del mundo.
Quasímodo, primero poeta del hermetismo y colaborador de la revista hermética Letteratura, convencido antifascista y
posterior militante del PCI, se convierte en los años cuarenta al realismo
poético y al empeño ético del poeta.
La primera de las reflexiones a las que antes hacía
referencia, la titulada Una poetica, la comienza dudando de lo que va a
emprender: "un discorso un po' difficile sul punto più segreto"[1],
pero acaba sirviéndole para aclarar lo que él cree a partir de 1946 es el deber
de la poesía: "rifare l' uomo". Rehacer al hombre, aclara ahora en
este texto, no sobre el plano moral, sino sobre el plano estético:
"Siamo sempre a determinare i territori delle
poetiche, e quella più viva s'è allontanata dai nudi valori formali per
cercare, attraverso l'uomo, l'interpretazione del mondo"[2].
Este planteamiento estético no se corresponde con el
arma cargada de futuro que pretendía la poesía llamada social en la España de
los cincuenta. Sí en cambio con la ética estética de la Generación del 50. Si
leemos la poesía de los poetas más estimados de esa generación, como es la de
Claudio Rodríguez o la Francisco Brines, vemos que los valores formales,
siempre presentes, se muestran camino de conocimiento del hombre y mirada atenta
al mundo en el que se desarrolla su misteriosa presencia.
Esta generación española, con guía en Cernuda, pasa
del verso palabreado de larga tradición hispana (y del juego vanguardista de
principios de siglo) a buscar en la palabra el intenso valor poético, por lo
que no sería raro que sus protagonistas
-surgidos a la literatura en las mismas fechas - estuvieran dispuestos a
asumir el siguiente programa de Quasímodo:
"Anni di lente letture per giungere [...] a rompere
lo spessore della filologia; a passare, cioè, dalla prima approssimazione
laterale linguistica della parola al suo intenso valore poetico"[3].
Para Quasímodo la pureza de la poesía, pureza de la
que tanto se habló a lo largo de la primera mitad del siglo, no se puede entender
como herencia del decadentismo, sino en función de un lenguaje directo y
concreto. En ese particular radica el secreto de los clásicos, desde los poetas épicos a los líricos, de los griegos
hasta llegar a los grandes poetas modernos, como Leopardi. Es el encuentro con
la palabra transubstanciada en vida y no con un bello hallazgo lingüístico por
sí mismo válido. Así, su evolución poética, la cifra Quasímodo en "una
maturazione verso la concretezza del linguaggio"[4].
En la línea juanramoniana, que ya hemos señalado al
hablar de Montale, también Quasímodo muestra su interés por la diferencia entre
literatura y poesía, como clave de lo poético y limitación al formalismo crítico
de nuestro siglo. En su ”Discorso sulla poesia”, se posiciona contra las
clasificaciones de los estudios formales, diciendo que frente a tanta
distinción entre poetas crepusculares, futuristas, herméticos y demás, nadie
entre los críticos sabe realmente ditinguir "la poesia dalla letteratura"[5].
En tanto, el poeta sigue siendo una interrogante. ¿Por qué existen poetas
todavía en este siglo? ¿Qué son esos poetas y qué representan en el mundo
contemporáneo?
Para Quasímodo el poeta no es reflejo de una
literatura. El poeta es antes de la literatura. La literatura se refleja, el poeta y la poesía se hacen. Homero existió antes que la
civilización griega, y la hizo. La historia de las formas, por tanto, no agota
la historia de los poetas. El poeta es importante por su contenido mucho más que por su
voz, que es imitable. Por tanto, cuando Quasímodo insiste en que hay que
"rifare l'uomo", no es en sentido moral, porque la moral no puede
construir poética.
SERENI, LA DEGRADACIÓN DEL POETA.
Gli
immediati dintorni es un libro compuesto por páginas de diversa
procedencia y que componen (o, mejor, recomponen) una especie de diario que el
poeta nunca se propuso hacer. En él podemos encontrar interesantes reflexiones
sobre la poesía; y en una de sus prosas, titulada "Male del
reticolato", nos habla de la muerte de un compañero al que llamaban el poeta y cómo conmocionó a todos. Explica:
"Perché qui il poeta, come il filosofo, come il
matematico, sembra restituito alla dignità di una funzione collettiva, a un
perduto splendore sacerdotale"[6].
En las palabras de Sereni (que ve, en la conmoción
general de los prisioneros en el campo de concentración, la momentánea
recuperación de la dignidad perdida ante el mundo por todos los poetas) se
observa representada la obsesión general del poeta moderno por buscarse un
lugar en la sociedad, lugar que siente haber perdido después del siglo XIX, por
una extraña culpa que nadie acaba de saber cuál es.
Unos poetas marchan hacia las viejas formas,
pensando encontrar en ellas la poesía, pues esas formas dieron esplendor al
poeta en su tiempo. Otros gritan su lugar en el mundo, en la sociedad,
queriendo imponerlo, queriendo que los demás lo reconozcan, por alzar la voz, a
base de gritos. Pero la sensación de fracaso es general. Ni los que buscan la
novedad a toda costa ni los que buscan la continuidad en el pasado ni los que
callan ni los que gritan encuentran un puesto en la sociedad, porque el hombre
de hoy no considera la obra de los poetas contemporáneos.
Para Sereni -como dice en otro fragmento titulado
"Esperienza della poesia"[7]-,
ni siquiera el poeta en su propio medio encuentra luz. Los mismos poetas siguen
un camino más bien de dudas que de certezas y la poesía sólo se afirma en su
propia fecundidad. Lo perenne poético tan sólo puede decírnoslo la lectura de
los Cantos o de Las Flores del Mal.
"Per questo la cosa più ardua che si possa chiedere
a un poeta è quella di parlare ex abrupto della sua poesia o, peggio, della poesia in generale. È,
in certo qual modo, un' operazione irreale e astratta; un' assunzione brusca di
elementi disparati e in fermento, che è impossibile chiamare a raccolta tutt'a
un tratto. Se l' idea di poesia che ogni poeta porta con se fosse raffigurabile
in uno specchio, noi vedremmo quello specchio assumere di volta in volta tutti
i colori possibili, riflettere non un' immagine ma una battaglia di
immagini"[8].
El poeta, pues, para Sereni aparece como un erizo o
como una tortuga, aunque a veces siente la necesidad del entendimiento general
de su labor. Algo así puede producirlo un gran movimiento social, como fue la
Segunda Guerra Mundial. Él considera que la guerra y más aún la posguerra han
favorecido "qualcosa di analogo all' interno della poesia e dei
poeti"[9],
interesándose por el significado que la poesía asume en el corazón de la vida
individual y colectiva.
[1] S.
Quasimodo, Poesie e discorsi sulla poesia,
Milán, Mondadori, 1971, p. 277.
[2]
Ibidem, p. 278.
[3]
Ibidem, p. 278.
[4]
Ibidem, p. 279.
[5]
Ibidem, p. 283.
[6] V.
Sereni, Gli immediati dintorni,
Milán, Il Saggiatore, 1962, p. 30.
[7] Cf.
ibidem, pp. 41-46.
[8]
Ibidem, p. 43.
[9]
Ibidem, p. 44.







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